TRIDUO Y FIESTA DEL PADRE PIO

TRIDUO Y FIESTA DEL PADRE PIO

AVISOS DEL CULTO

A partir del lunes 4 de septiembre, se reanuda el culto de la tarde: LUNES, MARTES, MIÉRCOLES, VIERNES Y SÁBADO: 17:45 Vísperas Cantadas // 18:15 Exposición del Santísimo y rezo del Santo Rosario meditado.

LOS JUEVES, el horario es el siguiente: 21:30 Santo Rosario y 22:00 Hora Santa.

*** MISA MENSUAL EN ALBACETE. Domingo, 1 de octubre. A las 17:30 horas, en la Parroquia Purísima Concepción.

***MISA MENSUAL EN LUGO. Sábado 14 de octubre. Santa misa a las 18:30 horas, en la capilla del Carmen, sita en la calle del Carmen, en Lugo, justo a la salida de la puerta homónima de la muralla de la ciudad.

Para cualquier cuestión relacionada con la celebración de la Santa Misa por el modo extraordinario en Lugo, así como para recibir avisos, si lo desea, puede ponerse en contacto con nosotros mediante la siguiente dirección de correo electrónico: misatridentinalugo@hotmail.com

domingo, 24 de septiembre de 2017

FOTOGRAFÍAS DE LA SANTA MISA CANTADA EN LA FIESTA DEL PADRE PÍO

DAÑOS DEL ORGULLO Y MEDIOS PARA ACABAR CON ÉL. Santo Tomás de Villanueva


 
COMENTARIO AL EVANGELIO
XVI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano

DAÑOS DEL ORGULLO
HACE AL HOMBRE ODIOSO A DIOS. El soberbio es odioso al Señor y a los hombres (Ecch. 10,7). ¡Como detesta Dios el orgullo! Un testigo, Lucifer arrojado al abismo; otro Adán, expulsado del paraíso, otro, Nabucodonosor, convertido en bestia. También es odioso a los hombres, porque el sabio se convierte en discutidor, amigo de insultos, rencoroso, trapacero, envidioso, etc.
CONVIERTE AL HOMBRE EN UN ESCLAVO VIL. Si se murmura contra él, si se le menosprecia… ¡Oh, y cuanto más alto está el humilde que desprecia todo eso! Dice el salmista: Tu les precipitaste cuando se elevaban (Ps. 72, 18,Vulgata). No solo es humillado el que se ensalza, comenta San Gregorio (cf. Moral., 1.32 c.9), sino que su mismo levantarse encierra la humillación.
INCAPACITA AL HOMBRE PARA LOS DONES DE DIOS. Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. (Iac. 4,6). El espíritu interior es incompatible con el orgullo; donde éste existe no habrá piedad, porque no recibirá la gracia de Dios. Es más, el mayor favor que Dios hace al soberbio es el de negarle sus dones, puesto que no los emplea más que para su condenación. El orgullo es una enfermedad tan mala, que muchas veces, para curarla, es necesario que el hombre caiga en el pecado.
DESTRUYE TODAS LAS VIRTUDES. Es un veneno, una peste, un gusano que mancha e inutiliza todo favor divino. “Dadme un hombre lleno de gracias, de dones y virtudes; si el orgullo ha entrado en su corazón, todo se ha perdido, todo se arruina. Ved de que le sirvió a Lucifer tanta belleza desde el momento en que fue poseído por el orgullo. Un pecador humilde vale más que un justo orgulloso; acordaos del fariseo y el publicano”.
MEDIOS DE ACABAR CON EL ORGULLO.  “Huyamos, hermanos, de esta peste, acabemos con ella. ¿Cómo? Con su propia espada, como hizo David con Goliat. Así nos lo dice San Bernardo (cf. Serm. Sobre el 6º domingo después de pentecostés, 6). Si una virtud, si un don de Dios, engendra dentro de ti algún sentimiento de orgullo, entra inmediatamente dentro de ti mismo y di: ¿Cómo me iré a gloriar de un bien tan liviano? ¡Oh, y que flacos son mis méritos, que indigno soy de que Dios me de otros beneficios! ¿Cómo podré recibir más, como me dará Dios otros nuevos, si uno solo y tan pequeño me ha enorgullecido? De este modo se mata el orgullo con su propia espada.
También podemos reprimir el orgullo comparándonos con los santos. Comparaos con ellos cuando os parezca que sois algo grande; leed sus vidas y comprobareis que no sois más que una hormiga junto a un elefante. Ahí tenéis a ese campesino rico que vive en una choza, pero que se enorgullece y desdeña a los pobres. Que venga a la ciudad, y entonces veréis que se porta como el criado más humilde.
El trato con los santos nos da también una fuerza extraordinaria para reprimir el orgullo, porque les vemos llenos de desprecio por la gloria y las riquezas. Para ellos tiene el mismo valor que un estercolero, porque poseen otras riquezas mucho más altas y preciosas. Se alegran en sus humillaciones recordando la promesa del Señor: “El que se humilla será ensalzado y el que se ensalza será humillado.”
Santo Tomás de Villanueva
Por gentileza de Dña. Ana María Catalina Galvez

EVANGELIO DEL DOMINGO: El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido



XVI DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
Forma Extraordinaria del Rito Romano
En aquel tiempo, entró Jesús en sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía, y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?». Y no pudieron replicar a esto.  Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: “Cédele el puesto a este”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido».
Lc 14, 1-11

sábado, 23 de septiembre de 2017

VIDEO SANTA MISA CANTADA PADRE PÍO

EL ROSARIO DE HOY CON SAN PÍO DE PIETRELCINA




Santo Rosario.
Por la señal…
Monición inicial: Celebramos hoy la fiesta de san Pío de Pietrelcina, sacerdote de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968). Nadie mejor que él, nos puede ayudar en este día con sus pensamientos a meditar los misterios dolorosos del Rosario.
Señor mío Jesucristo…
MISTERIOS GOZOSOS
1 Misterio – La Anunciación
Por aquel sí pronunciado por María Santísima, el mundo obtuvo la salvación, la humanidad fue redimida. Hagamos también nosotros siempre la voluntad de Dios y digamos siempre sí al Señor.
2 Misterio – La Visitación
Camina con alegría y con un corazón lo más sincero y abierto que puedas; y cuando no puedas mantener esta santa alegría, al menos no pierdas nunca el valor y la confianza en Dios.
3 Misterio – El Nacimiento de Jesús
Jesús desde su nacimiento nos indica nuestra misión, que es la de despreciar lo que el mundo ama y busca.
4 Misterio – La Presentación
Mantente unido a Dios con fuerza y con constancia, consagrándole todos tus afectos, todos tus trabajos y a ti mismo todo entero, esperando con paciencia el regreso del hermoso sol, cuando el Esposo quiera visitarte con la prueba de las arideces, de las desolaciones y de la noche del espíritu.
 5 Misterio – El Niño Jesús perdido y hallado en el templo
¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y ora! De ese modo encontrarás con certeza a Dios, que te dará la serenidad y la paz en esta vida y la beatitud eterna en la otra.

viernes, 22 de septiembre de 2017

PADRE PÍO: ODIEMOS EL PECADO. Homilía




PADRE PÍO: ODIEMOS EL PECADO
HOMILÍA DEL SEGUNDO DÍA DEL TRIDUO
Coincide nuestro segundo día del triduo, con la fiesta en honor a San Mateo Apóstol y Evangelista. Mateo era publicano -recaudador de impuestos para el imperio romano- , y por ello era considerado por los propios de su pueblo como un traidor e infiel a la religión judía, y por tanto igual a un pecador público. Además, estos cobradores de impuestos añadían una cantidad al impuesto oficial para su propio enriquecimiento. Era una práctica normal en ellos, pero hacían todavía más gravoso la situación de la gente, sobre todo de los más sencillos.
Jesús, viéndolo, en una situación de pecado, en el ejercicio cotidiano de su profesión, lo llamó. Y Mateo, levantándose lo siguió.  Mateo lo invita a su casa a comer junto con sus amigos –publicanos y gentes de malas costumbres- .  Esto fue motivo para que los fariseos dudasen y criticasen a Jesús.  Pero veamos que  esto será ocasión para que Jesucristo se declare como Médico y medicina de aquellos que están enfermos. “No son los que están sanos, sino los enfermos los que necesitan médico. Id, pues, a aprender lo que significa: Mas estimo la misericordia que el sacrificio; porque los pecadores son, y no los justos, a quienes he venido yo a llamar a penitencia.”
En nuestro camino de santidad y de amistad con Jesús, el pecado es el escollo que continuamente nos aparta de él y que nos desanima en nuestro combate. Dios detesta el pecado, porque él es la misma santidad. No hay nada más opuesto él. Pensemos en la consecuencia del pecado en los ángeles caídos (eternamente apartados de Dios en el infierno) y las mismas consecuencias desastrosas del pecado de Adán y Eva para todos nosotros (perdiendo los dones preternaturales y el paraíso). 
La Sagrada Escritura dice acerca de Dios: “Tú no eres un Dios que ame la maldad, ni el malvado es tu huésped, ni el arrogante se mantiene en tu presencia. Detestas a los malhechores, destruyes a los mentirosos; al hombre sanguinario y traicionero lo aborrece el Señor.” (Sal 5)
Dios odia y detesta el pecado porque nos separa de él, creando una barrera insalvable entre su justicia y santidad y nuestra desobediencia. La raíz de todo pecado está en la desobediencia a Dios, en querer ponernos nosotros en su lugar, en querer ser nosotros los que determinemos el bien y el mal, en no querer ser criaturas y querer ser dioses.
Dios odia el pecado que nos hace amar desmedidamente los bienes terrenos en un apego perverso hacia ellos: dinero, placer, comodidad, gustos…  Una apego a las criaturas, que nos lleva a un “amor de sí hasta el desprecio de Dios” en expresión de San Agustín.
Dios odia el pecado porque nos cierra a la verdad y nos hace vivir en tinieblas. El pecado es libertad falsa. El pecado siempre nace de la mentira, de la falsa seducción. El pecado ofusca nuestro entendimiento, ensucia nuestra mirada y entorpece nuestro corazón para comprender la verdad, para contemplar la belleza, para ansiar la justicia.
Dios odia el pecado porque nos esclaviza y nos priva de la libertad. La tentación ofrece libertad y felicidad a bajo coste, pero el resultado es insatisfacción y esclavitud a nuestros enemigos. Por el pecado nos convertimos en esclavos de Satanás, en esclavos del mundo y sus modas, en esclavos de nosotros mismos y nuestras pasiones, que somos muchas veces los peores tiranos de nosotros mismos.
Dios odia el pecado porque disminuye nuestro amor por él. Nadie puede servir a dos señores –no dice Jesús-. Pecado y amor de Dios son incompatibles. Y no nos engañemos, el que ama no peca. El apóstol san Juan lo recuerda en su carta: “Todo el que permanece en El, no peca; todo el que peca, ni le ha visto ni le ha conocido. Hijos míos, que nadie os engañe; el que practica la justicia es justo, así como El es justo. El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito: para destruir las obras del diablo. Ninguno que es nacido de Dios practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no practica la justicia, no es de Dios; tampoco aquel que no ama a su hermano.” 1 Jn 3, 6-10
Nosotros hemos de imitar a Dios y como él debemos odiar el pecado. Tenemos su promesa de que él nos ayudará en nuestra lucha.
Comentando san Agustín el salmo Miserere afirma: Sintamos disgusto de nosotros mismos cuando pecamos, ya que el pecado disgusta a Dios. Y, ya que no estamos libres de pecado, por lo menos asemejémonos a Dios en nuestro disgusto por lo que a él le disgusta. Así tu voluntad coincide en algo con la de Dios, en cuanto que te disgusta lo mismo que odia tu Hacedor.
Oigamos también a nuestro Padre Pío: “¡Yo odio el pecado! Dichosa nuestra patria si, como madre del derecho, quisiera perfeccionar sus leyes en este sentido, y sus costumbres a la luz de la honradez y de los principios cristianos.”
“No te importe perder, hijo mío, deja que publiquen lo que quieran. Temo el juicio de Dios y no el de los hombres. Que lo único que nos asuste sea el pecado, porque ofende a Dios y nos deshonra.” 

La vocación de San Mateo, la actitud de Jesús hacia él y sus amigos, ha de llenarnos de gozo, porque Dios nunca da por perdido a un pecador. Él siempre estará ahí, buscando, tendiendo lazos, dando gracias para que pueda salvarse… pues Dios tiene mayor interés en salvarnos que nosotros mismos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que sean justos.
Quizás sintamos muchas veces el desaliento y la pérdida de la esperanza en nuestra lucha contra el pecado. Tenemos que odiar el pecado, pero con serenidad. Nos lo dice Padre Pío:  Marchad con sencillez por el camino del Señor y no atormentéis vuestro espíritu. Tenéis que odiar vuestros defectos, pero con un odio tranquilo y no con el que inquieta y quita la paz.”
La actitud de Dios para con el pueblo, así como la de Jesús, es el modelo de nuestra actitud hacia nosotros  mismos y también hacia aquellos que viven alejados de Dios en el pecado. Eso no implica, como algunos quieren hacernos entender, que el pecado se justifique y que la misericordia de Dios sea como esa cortina que lo tapa todo. La actitud de Dios es la misericordia: misericordia que nosotros hemos de vivir con ese doble axioma que el Papa Benedicto XVI recordó a toda la Iglesia: “caridad en la verdad” y “la verdad en la caridad”.
El amor de un padre o una madre hacia un hijo es verdadero cuando nos corrige, nos señala nuestros defectos, nos invitan a mejorar y cambiar. Pues Dios actúa así hacia nosotros. El amor de Dios sería falso si no dejase en el error, abandonados en el pecado y sin llamarnos a volvernos hacia a él.
Veamos que caridad tan delicada la del Padre Pío hacia los pecadores: “Quiera Dios que estas pobres criaturas se arrepintieran y volvieran de verdad a él. Con estas personas hay que ser de entrañas maternales y tener sumo cuidado, porque Jesús nos enseña que en el cielo hay más alegría por un pecador que se ha arrepentido que por la perseverancia de noventa y nueve justos. Son en verdad reconfortantes estas palabras del Redentor para tantas almas que tuvieron la desgracia de pecar y que quieren convertirse y volver a Jesús.”
Nuestra oración y nuestros sacrificios por la conversión de los pecadores es muy importante y necesaria. ¡Hay tantos que viven alejados de Dios, en nuestras propias familias…!
Dios envió a su Hijo para salvar a los pecadores. Jesucristo, el Hijo de Dios, aceptó sufrir y morir por ellos. La Virgen Santísima se ofrendó junto con su Hijo para la salvación de los pecadores. Hagamos nosotros también algo. Sigamos este consejo del Padre Pío: “Soporta por amor a Dios y por la conversión de los pobres pecadores las tribulaciones, las enfermedades, los sufrimientos. Defiende al débil, consuela al que llora.”
Que la intercesión de san Mateo y san Pío de Pietrelcina nos obtenga nuestra propia conversión y la de nuestros familiares y amigos. Que así sea. Amén.