domingo, 15 de febrero de 2015

EL ROSARIO DE HOY CON SAN CLAUDIO DE LA COLOMBIERE


Santo Rosario.
Por la señal... 
Monición inicial: 
Entre los santos que la Iglesia celebra hoy, está  san Claudio de La Colombière, sacerdote de la Compañía de Jesús, que vivió entregado a la oración y con sus consejos dirigió a muchos en su esfuerzo para amar a Dios (1682). Siendo superior en Paray-le-Monial (Francia) dirigió espiritualmente a Santa Margarita María de Alacoque, a la que por destino de la Providencia ayudó en la propagación de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Sus palabras: “he resuelto no pedir nada a Dios, en ninguna oración, que no sea por intercesión de María,” nos invitan a confiarnos a la Virgen Santísima y pedirle que seamos apóstoles de su Inmaculado Corazón y el de su Hijo.
Señor mío Jesucristo... 
MISTERIOS GLORIOSOS
1.-La Resurrección del Señor.
“¡Qué alegría para aquellos que sufrieron con Jesucristo y que verdaderamente habían tomado parte en sus dolores, como María, san Juan, la Magdalena, etc., pues los demás tienen tan poca parte en esta fiesta como la tuvieron en los tristes misterios que la precedieron!
¡Con cuánto placer y cuánta abundancia recompensa Dios los dolores e ignominias de su Hijo! Sin hablar del cielo donde tiene gloria tan grande, aun en la tierra, por un Judas que le vendió, ¿cuántos millones de hombres se despojarán de todo para poseerlo?; por una ciudad ingrata y sacrílega que no le reconoció por Rey, ¿cuántos reinos e imperios sometidos a su poder? Se ha visto negado por san Pedro; ¿cuántos millones de mártires sufrirán la muerte antes que renegar de Él? ¿Cuántos altares a cambio del banquillo de reo? ¿Cuántas verdaderas adoraciones por las burlas de los soldados? ¿De cuántas riquezas no se revestirán sus templos y sus altares por el manto de púrpura y por la vestidura blanca, etc.?”
2.- La Ascensión del Señor
Es necesario para esto gran vigilancia y la práctica de las Reglas, la elección y frecuentes exámenes, junto con la oración, para obtener muchas gracias.”
En la repetición de la Ascensión he notado que Jesucristo, después de haber sufrido, haber muerto y resucitado, sale de Jerusalén, sube a lo alto de la montaña, y después de tantas pruebas, desprendido enteramente del mundo y de la tierra, se eleva sin trabajo al cielo.  Lo que a nosotros nos impide seguirlo es que estamos aún viviendo con una vida natural, o sepultados en el pecado, o comprometidos en el trato de los hombres, o apegados a la tierra, donde todavía encontramos nuestra felicidad. San Pablo decía: «Nuestro modo de vivir está en los cielos (Flp 3,20). ¡Bienaventurados los que pueden decir lo mismo! Pido a Dios para mí el poder vivir entre el cielo y la tierra, sin gozar ni de los placeres de aquí abajo ni de los del Paraíso, con un desprendimiento universal, estando ligado sólo a Dios, que se encuentra en todas partes.
A nosotros nos toca el desprendernos de todos los placeres de la tierra, al menos no tomar ninguno por puro gusto; desprender de ellos nuestro corazón, si no podemos renunciar realmente a ellos; hacer que se nos conviertan en tormento por el deseo ardiente que tenemos de privarnos de ellos por amor de Dios.
3.- La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos en torno a la Virgen María
“En cuanto a los consuelos del cielo, es necesario dejar hacer a Dios, que conoce nuestras fuerzas y tiene sus designios, y vivir en una gran indiferencia, siempre dispuestos a pasarnos sin ellos..”
4.- La Asunción de María Santísima a los Cielos
““¡Hermosa palabra! «He terminado la obra que me encomendaste» (Jn 16,4). Jesús y María pudieron decir esto al morir. He notado, que cuando me determino a imitar en esto a Jesucristo para toda mi vida, siento que la naturaleza como que se sorprende de semejante proyecto, y que me siento más fuerte para llevarlo a la práctica; para resolverme, por ejemplo, a hacer durante este mes, este año, todo cuanto pueda para que mis acciones sean más agradables a Dios y lo más perfectas que me sea posible.”
5.- La Coronación De La Virgen Como Reina Y Señora De Todo Lo Creado.

“Los hombres pueden despojarme de los bienes y  de la reputación; las enfermedades pueden  quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo  mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé  mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y  serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno  para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.”