sábado, 13 de junio de 2015

LA PRERROGATIVAS DE LA VIRGEN MARÍA: San Antonio de Padua


Considera que la bienaventurada María fue como el sol fulgurante en la anunciación del ángel, como el arco iris esplendente en la concepción del Hijo de Dios y como la rosa y el lirio en su nacimiento.
En el sol sobresalen tres prerrogativas: esplendor, candor y calor, que corresponden a las tres partes del saludo del ángel. La primera: “Ave, nena de gracia”; la segunda: “No temas”; y la tercera: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti”.
Cuando dice: “¡Ave, llena de gracia! El Señor está contigo; tú eres bendita entre las mujeres” (Lc 1, 28): he ahí el esplendor del sol. Y esto puede referirse también a las cuatro virtudes cardinales; y cada una de ellas refulgió en María en tres modalidades, De la templanza le vinieron la prudencia de la carne, la modestia en el hablar y la humildad del corazón. Tuvo la prudencia, cuando calló en su turbación, cuando comprendió lo que había oído y cuando respondió a lo que se le había propuesto. Tuvo la justicia, cuando atribuyó a cada uno lo que le era debido. Con ánimo decidido aceptó la costumbre en sus desposorios, en la circuncisión del Hijo y en la purificación legal. Manifestó su compasión hacia el que sufre, cuando dijo: “¡No tienen vino!” (Jn 2, 3). Compartió la comunión de los santos, cuando “perseveraba en oración con los apóstoles y con las otras mujeres” (Hech 1, 14). Por su fortaleza y grandeza de ánimo asumió el propósito de la virginidad, lo observó y guardó fidelidad a tan altísimo compromiso.
San Bernardo afirma que “las doce estrellas que resplandecen en la corona de la mujer del Apocalipsis (12, 1), representan las doce prerrogativas de la Virgen: cuatro del cielo, cuatro de la carne y cuatro del corazón, que descendieron del cielo sobre ella como estrellas.
Las prerrogativas del cielo fueron la generación de María, el saludo del ángel, la intervención del Espíritu Santo y la inefable concepción del Hijo de Dios.
Las prerrogativas de la carne: fue la primera de todas las vírgenes, fecunda sin corrupción, grávida sin incomodidad y puérpera sin dolor.
Las prerrogativas del corazón fueron: la devoción de la humildad, el culto del pudor, la magnanimidad de la fe y el martirio del corazón, por el cual “una espada traspasó su alma” (Lc 2, 35).
A las prerrogativas del cielo se refieren las palabras: “El Señor está contigo”; a las prerrogativas de la carne, las palabras: “Tú eres bendita entre las mujeres”; y a las prerrogativas del corazón, las palabras: “Llena de gracia”.