jueves, 4 de mayo de 2017

“BAUTISMO”. Reflexión diaria acerca de la Palabra de Dios.



 
“BAUTISMO”. Reflexión diaria acerca de la Palabra de Dios.
Jesús después de la Resurrección apereciéndose a los apóstoles los envío al mundo entero con el mandato de bautizar a todas las gentes. “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”
La Pascua es tiempo de tomar conciencia del gran don del bautismo: signo sensible instituido por Cristo para darnos el perdón de los pecados y la vida sobrenatural.
El símbolo principal del bautismo es el agua. De hecho, la palabra bautizar viene de un verbo griego y significa lavar, purificar, sumergir. Como símbolo natural, el agua tiene tres significados que se realizan en el bautismo:
1).El agua como símbolo de la vida, pues si ella es imposible que exista la vida. Dios la concede a su tiempo para que la tierra de fruto. El pueblo de Israel experimenta su carencia y el peligro para su supervivencia en el desierto donde Dios hace brotar agua de la roca. Jesús dirá: Yo soy el agua viva, el que tenga sed que venga a mí. Por medio del agua bautismal, los hombres recibimos la vida sobrenatural que hace posible nuestra relación con Dios.
2.) El agua como símbolo de muerte, pues cuando está viene en demasía produce destrucción. Recordemos los episodios bíblicos del Diluvio y del Mar Rojo. Así el agua del  bautismo derramada sobre nuestras cabezas destruye el hombre viejo y sus obras, aniquilando en nosotros el pecado.
3). El agua como símbolo de la pureza pues con ella en la vida cotidiana limpiamos y purificamos. Pensemos en las prácticas judías de purificación ritual, de la que nos queda por ejemplo el agua bendita que tomamos al entrar en la iglesia o el lavabo que realiza el sacerdote antes de revestirse y en el ofertorio. Como ilustrucción de este simbolismo está el capítulo de Naamán el sirio que es mandado sumergirse en el Jordán siete veces por el profeta Eliseo para quedar limpio de la lepra.
El bautismo que Juan realizó para disponer al pueblo de Israel a la llegada del Mesías no era un sacramento, sino la manifestación por parte de los fieles de un deseo de purificación y conversión.
Jesús queriendo ser bautizado por Juan en el Jordán da realización a este deseo del pueblo cargando sobre sí al sumergirse en el agua los pecados de la humanidad. Por eso, Juan lo señalará como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es en Cristo donde el bautizado puede atravesar las aguas del Jordán y entrar en la tierra prometida de la vida de la gracia, del cielo.
Seamos conscientes de la renuncia que hicimos en nuestro bautismo así como las promesas, y vivamos conforme a ello dando muerte en nosotros al viejo Adán y resucitando según el hombre nuevo que es Cristo, Dios y hombre verdadero.