domingo, 28 de mayo de 2017

OBRA DEL ESPÍRITU SANTOS EN LAS ALMAS. Santo Tomas de Villanueva


Comentario al Evangelio

DOMINGO DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN
Forma Extraordinaria del Rito Romano
Después de la gloriosa resurrección del Señor y su ascensión triunfal, habiendo pagado ya un precio superabundante y llevado hasta los cielos los despojos arrebatados al infierno, no le quedaba otra cosa que hacer a este ilustre peregrino de la vida sino enviarnos desde allí, para coronar su obra, al Espíritu Santo, digno presente de un soberano tan magnifico. Este Espíritu divino mostraría al mundo los opulentos esplendores del reino celestial, consolaría al corazón triste de los discípulos, robustecería su debilidad, daría a los amados del Señor las prendas de su cariño y, sobre todo, sería testigo del mismo Cristo.
¡Como brilla, Señor, tu magnificencia en tus obras! ¡Magnífico en la muerte, magnífico en la Eucaristía, magnifico en el don del Espíritu Santo! ¿Hay algo más magnífico que entregar a Dios como regalo?
Dios mío, tú eres grande, estas rodeado de esplendor y majestad, revestido de luz como de un manto. Como una tienda tendiste de los cielos (Ps. 103,1-2). Magnífico eres Señor, en los cielos, que te reciben aclamándote revestido de gloria y belleza; pero magnifica es también la luz de que te rodea, los justos y santos que tu Espíritu ha hecho brillar.
El Verbo del Padre subió de la tierra y el Espíritu del Hijo bajo de los cielos. Esencialmente iluminador y vivificador, nos llenará de luz divina. Habló por los profetas y los apóstoles. Unos y otros lo han confesado.
“Descríbase la figura de Elías subiendo al cielo y de su discípulo Eliseo. Contadlo todo ello, porque es una historia hermosa. Examinad detenidamente el doble aspecto de la inteligencia y el poder… No hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu de Dios para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido (1 Cor. 2,12)”.
Cuando venga el Espíritu de Verdad, dará testimonio de mí. Examinemos las tres escuelas donde el Espíritu de Dios da estas lecciones, a saber, las escrituras con su belleza, los predicadores con su doctrina y, finalmente, el mismo Espíritu en nuestras almas.

                                                                 SANTO TOMAS DE VILLANUEVA
Por gentileza de Dña. Ana María Galvez