lunes, 5 de marzo de 2018

NO SUFRIÓ LA PASIÓN DE SU CUERPO POR NECESIDAD, SINO VOLUNTARIAMENTE. San Ambrosio



COMENTARIO AL EVANGELIO CATENA AUREA

LUNES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
Forma Extraordinaria del Rito Romano

Comentario de San Ambrosio
No en vano se excusa el Salvador de no haber obrado milagro alguno en su patria; para que no creyese alguien que el amor a la patria debe ser para nosotros el inferior, pues sigue: "Dice, pues: En verdad os digo, que ningún profeta es bien recibido en su patria".
Con este ejemplo se da a entender que en vano se debe esperar la ayuda de la Misericordia divina, cuando se tiene envidia al mérito de la virtud de otro. El Señor desprecia a los envidiosos, y aleja los milagros de su poder, de aquellos que persiguen en otros los divinos beneficios; pues las operaciones de la carne del Señor son una prueba de su divinidad, y lo que es invisible en El se nos demuestra por lo que es visible. Observad, pues, los males que produce la envidia. La patria de Jesús, la cual fue digna de que el Hijo de Dios fuese en ella concebido, es juzgada indigna de sus obras por la envidia.
Cita un ejemplo muy a propósito para reprimir la arrogancia de sus conciudadanos celosos, y muestra que su conducta está conforme con las antiguas Escrituras; pues sigue: "En verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías", no porque los días fueran de Elías, sino porque durante ellos operó Elías.
Según el sentido místico, dice: "En los días de Elías", porque días hacía para aquéllos, que veían en sus obras la luz espiritual, y por lo tanto se abría el cielo para los que veían los misterios divinos; y se cerraba durante el hambre, porque no había deseo de conocer al Señor. Aquella viuda, a quien fue enviado Elías, es una figura de la Iglesia.
En un sentido místico el pueblo, formado de extranjeros, se une a la Iglesia para seguirla. Era leproso antes de ser bautizado en el río misterioso, mas después que fue purificado, por medio del Sacramento del Bautismo de todas las manchas que tenía en su cuerpo y en su alma, empezó a ser una virgen inmaculada sin arrugas.
No debe causar extrañeza que perdiesen su salvación, aquellos que arrojaron al Salvador de sus confines. El Señor, pues (que había enseñado a los apóstoles con su ejemplo cómo debe tratarse a los demás), ni rechaza a los que quieren estar con El, ni obliga a los que no quieren; ni hace oposición a los que le arrojan, ni desoye a los que le piden. Y no es pequeña la envidia que se levanta, cuando olvidándose todos de la caridad del Salvador, convierten los motivos de gratitud en odios acerbos. De aquí sigue: "Y lo llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual estaba edificada la ciudad, para despeñarlo". 
Entiéndase también que no sufrió la pasión de su cuerpo por necesidad, sino voluntariamente. Porque cuando quiere, es prendido; y cuando quiere, se escapa. Y si no ¿cómo podía ser prendido por unos pocos, el que no puede ser detenido por un pueblo entero? Mas quiso ser perseguido por una muchedumbre sacrílega, a fin de morir por todos, siendo inmolado por unos pocos. Sin embargo, quería más bien salvar a los judíos que perderlos para siempre, y por eso cuidaba de que ellos no pudiesen cumplir lo que querían, dejando frustrado su furor.