jueves, 24 de mayo de 2018

MARÍA SANTA MADRE DE DIOS. (24) Beato John Henry Newman



24 DE MAYO
Sobre la Asunción (1)
MARIA,
Sancta Dei Genitrix,
SANTA MADRE DE DIOS
Tan pronto como por la fe entendemos esta verdad, a saber, que María es la Madre de Dios, otras maravillosas verdades se desprenden de esta, y una de ellas es que estuvo exenta del destino ordinario de los mortales, que es, no solamente morir sino además, convertirse en tierra, ceniza y polvo. Había de morir, y murió, como había muerto su Hijo, pues era hombre; pero varias razones expuestas por los escritores eclesiásticos prueban que su cuerpo, si bien estuvo algún tiempo en la tumba separado del alma, no permaneció allí, sino que pronto se juntó, resucitado por nuestro Señor Jesucristo, a aquella alma bienaventurada, para una nueva vida de gloria celestial y eterna.
La razón más convincente, que nos lleva a esta conclusión, es esta: que otros siervos de Dios han sido sacados de la tumba por el poder divino, por lo que no se puede suponer que nuestro Señor haya concedido este privilegio a ninguno de sus elegidos, sin concederlo a su propia Madre.
Refiere San Mateo que, después de la muerte de nuestro Señor en la cruz “las tumbas se abrieron y que los cuerpos de muchos santos que habían dormido”, es decir, que habían dormido el sueño de la muerte “resucitaron y saliendo de sus sepulturas, fueron, después de su resurrección a la ciudad y se aparecieron a muchos”. Dice San Mateo: “los cuerpos de muchos santos”, a saber, de los santos profetas, de los sacerdotes, de los reyes de la antigua ley, que resucitaron anticipándose al último día.
¿Podemos, pues, suponer que Abraham, David, Isaías, Ezequías, pudieron ser de esta manera favorecidos, sin que lo fuese la Madre de Dios? ¿No tenía un derecho especialísimo sobre el amor de su Hijo, para poseer todo cuanto podía poseer cualquiera criatura en este mundo? ¿No era más allegada a Él que los más grandes de todos los santos que habían vivido antes que Ella? ¿Era decoroso que la ley de la tumba admitiese una excepción respecto de estos y no respecto María? Por esta razón decimos con toda confianza que habiéndola preservado el Señor, por su pasión del pecado y de sus consecuencias, no anduvo remiso a derramar sobre su alma, la plenitud de los méritos de esta pasión.
Beato John Henry Newman
Transcripto por gentileza de Dña. Ana María Catalina Galvez Aguiló